December 22, 2019

Vida y destino de nuestro sol

Hoy me desperté del lado equivocado de las nubes. Después de haber sido agraciada con un sol inusual durante más de un mes, hoy se ve particularmente sombrío.


“Vuelve, pues, mi Rugier, vuelve primero

Antes de que el temor me mate de miedo”

suplica Bradamante en “Orlando Furioso” en el siglo XVI.


Esto me hizo pensar en nuestra bestia de 4.600 millones de años y su cabeza resplandeciente que nos promete calidez y alegría y, que cuando está escondida tras las nubes, hace que nuestro estado de ánimo decaiga. Pero, ¿qué está pasando en esa cabeza? A veces se burla y se enciende, arrojando llamas ardientes. Nuestro sol es irregular y ciertamente tiene su estado de ánimo. El año pasado, un científico incluso sugirió que podría estar teniendo una crisis de la mediana edad. Pero ciertamente somos afortunados de estar aquí cuando está en su mejor momento, porque en unos pocos miles de millones de años, derretirá involuntariamente nuestro planeta antes de enfrentar su desaparición final. Todo es bastante deslumbrante, por decir lo menos.


Caliente y ardiente

Nuestro Sol es un horno poderoso, la temperatura en su núcleo es de 15 millones de grados. Las cosas se enfrían lejos del núcleo y la temperatura desciende a 5500 grados Celsius en su superficie visible que llamamos fotosfera. La fotosfera es la capa donde los pequeños paquetes de luz, o fotones, escapan libremente al espacio exterior. Uno esperaría que las cosas sigan enfriándose cuanto más se aleje del Sol, pero en su atmósfera, sucede algo muy extraño. La temperatura comienza a aumentar y alcanza valores de más de 8000 grados centígrados. ¡Incluso en la parte de arriba de la atmósfera solar, llamada corona, la temperatura se eleva a un millón de grados! Esto se debe a que el campo magnético solar afecta la forma en que la energía es transportada y disipada a través de su escasa y difusa atmósfera. A pesar de la temperatura abrasadora, la atmósfera solar no es realmente “caliente” porque su densidad es muy baja. Es como subirse a un automóvil en un día caluroso y soleado. Si bien el tablero de instrumentos puede arder si lo tocas, sentarse en el automóvil realmente no te quemará. Pero bueno, no estoy sugiriendo que puedas sentarte en la corona.


El sol no está inactivo, está girando. Como es gaseoso, gira más rápido en el ecuador que en los polos. Gira una vez cada 25 días en el ecuador y tarda más de 30 días en completar una vuelta en los polos. Su campo magnético, que se agrupa en tubos justo debajo de la superficie, se retuerce, enreda y explota a través de su superficie en ciertos puntos. Esto ralentiza la aparición de material chispeante desde las partes internas del sol, haciendo que estos puntos sean más fríos, por lo que se ven más oscuros en comparación con su entorno. Los llamamos “manchas solares”. A veces, el campo magnético se distorsiona drásticamente, por lo que sus líneas se cortan y causan las erupciones más violentas en nuestro sistema solar, llamadas erupciones solares. Estas erupciones suelen ir acompañadas de corrientes de vientos supersónicos y producen tanta energía como mil millones de bombas de hidrógeno. Cuando el viento solar llega a la Tierra unos días después, puede colarse en el escudo natural de la Tierra a través de su embudo magnético cerca de los polos. Las partículas energéticas del viento hacen estallar los átomos y las moléculas en el aire, excitándolos en el magnífico espectáculo conocido como aurora boreal.


¿Una crisis de la mediana edad?

Hace tiempo que se sabe que la rotación del Sol y su campo magnético tienen una relación muy íntima. ¿Recuerdas las corrientes que salen de la superficie de las que acabo de hablar? Las partículas que nadan en esas corrientes siguen las líneas del campo magnético como hormigas en un camino de feromonas. Al alcanzar una distancia lo suficientemente grande, se liberan y se llevan el impulso rotacional o el empuje que le han robado al Sol. Esto ralentiza gradualmente al Sol y se llama acertadamente frenado magnético.


Sin embargo, parece que esta imagen ha cambiado recientemente. Resulta que el telescopio espacial Kepler ha estado espiando miles de estrellas y algunos grupos estelares. Estas observaciones han revelado que en ciertos grupos estelares sus miembros más jóvenes son muy bien comportadas. Sin embargo, los miembros de mediana edad, particularmente aquellas estrellas parecidas a nuestro Sol, ¡no están actuando de acuerdo a su edad! De hecho, giran demasiado rápido para su vejez e incluso no parecen estar disminuyendo su velocidad.


Sus frenos parecen haber fallado, y los científicos sospechan que esto tiene que ver con el movimiento que acecha justo debajo de la superficie estelar, o convección. ¡Parece que las cosas son más complicadas de lo que pensábamos!


La desaparición ineludible

Nuestro sol brillará como hasta ahora durante los próximos 4.6 miles de millones de años, pero para nosotros los terrícolas, la vida estará lejos de ser normal. La temperatura de la Tierra aumentará constantemente, haciendo la vida más difícil antes de que llegue el cataclismo final. En aproximadamente 1 o 2 mil millones de años, la temperatura de nuestro planeta será lo suficientemente caliente como para hervir la mayor parte de nuestra agua y desestabilizar seriamente nuestra biosfera, convirtiendo nuestro planeta en un árido desierto. Unos pocos miles de millones de años después, lo que quede de nuestros océanos se evaporará y la Tierra será un planeta sin vida, como Venus.


Bueno, tal vez eso sea lo mejor, porque lo que viene después es una prueba infernal que ningún humano desearía presenciar. En unos 6 mil millones de años, el núcleo del sol se quedará sin hidrógeno y se convertirá en un gigante furioso, que se tragará a Mercurio y Venus. Nuestra estrella derretirá nuestro planeta e incluso ni Marte será habitable. En los mundos lejanos como Urano y Neptuno el hielo comenzará a derretirse.


A partir de este momento, las cosas solo continuarán convirtiéndose en un infierno. Finalmente, el helio en el núcleo de nuestro sol, producto del hidrógeno quemado, también se agotará. En desesperación y sin nada que perder, el sol se enfurecerá una vez más y este será el punto de no retorno. Desgarrándose en la desesperación, rasgará sus capas en anillos brillantes de gas y polvo, o nebulosa planetaria, que se alejará en el viento. Solo quedará un objeto inanimado desnudo y abandonado llamado enana blanca. Abandonada a su suerte, esta estrella remanente se enfriará y desvanecerá en la oscuridad a medida que el sistema solar se convierta en un lugar frío y abandonado.


Así se tendrá lugar la tragedia de nuestro sol y el resto será silencio.


El amanecer ha aparecido y su luz comienza a colarse por mi ventana.


Pronto caminaré a la playa y me deleitaré con el brillo dorado de nuestro Sol, antes de que sea demasiado tarde.


La traducción al español es de Martha Irene Saladino.

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