January 25, 2020

Desiertos Marcianos en la Tierra – Parte II

Un día de verano de 2018 mientras almorzaba en el escritorio de mi trabajo vi un pequeño anuncio en el periódico local: el Foro Espacial Austriaco estaba haciendo audiciones para una nueva generación de astronautas analógicos. Me pareció una oportunidad increíble así que inmediatamente revisé su sitio web. Durante los días siguientes preparé febrilmente mi solicitud y la envíe.


Convertirme en una astronauta analógica no se me habría ocurrido hace un par de años. Pese a que mi carrera ha sido bastante sinuosa, siempre ha habido una única constante: la alegría de aprender.


Cuando era niña los libros eran mis mejores amigos. Compartía la fascinación de mi mamá por la astronomía y la naturaleza, y la fascinación de mi papá por los trenes, los aviones y el espacio. En casahablábamos y discutíamos casi cualquier tema y estoy muy agradecida con mis padres por creer siempre en mí y decirme que podía ser lo que quisiera ser.


A diferencia de aquellos que saben desde una edad temprana que quieren ser bomberos, médicos o astronautas yo nunca tuve un trabajo soñado. Como dijo Albert Einstein: “No tengo talentos especiales. Solo soy apasionadamente curioso.”


Después de la secundaria quise conocer el mundo, así que crucé el océano para trabajar como Au Pair durante un año en Virginia, Estados Unidos. Cuando regresé a Alemania, decidí estudiar un tema que siempre me fascinó: biología. Por esta razón me inscribí en una universidad en Berlín y tomé todas las clases que pude, desde anatomía hasta paleontología y genética, y terminé haciendo una maestría en microbiología. Cambiar el ADN de las células E. coli con mis propias manos fue una experiencia increíble. También fue una experiencia maravillosa enamorarme, tener tres hijas, realizar otra maestría en ingeniería, dar clases, trabajar en un laboratorio ambiental y recientemente dirigir un equipo de control de enfermedades infecciosas en un departamento de salud local.


Ahora soy estudiante de doctorado en salud pública en Alemania. Mi investigación está centrada en cómo las organizaciones de salud pueden optimizar su trabajo para que los pacientes puedan encontrar, comprender y hacer mejor uso de la información sobre temas de salud ambiental. La finalidad de mi trabajo es que la información proporcionada en los centros de salud ayude a la población a tomar mejores decisiones de vida y llevar vidas saludables. Con cada cosa nueva que hago o estudio trato de basarme en lo que aprendí en experiencias pasadas. Veo conexiones y posibilidades en todas partes y trato de integrar eso en mi trabajo y vida.


Una tarde de otoño de octubre mientras trabajaba en mi proyecto de doctorado, apareció un correo electrónico en mi bandeja de entrada. El Foro Espacial Austriaco me invitaba a asistir, junto con otros 30 candidatos, a un intenso fin de semana de selección a Innsbruck, Austria. Más de 100 personas habían presentado solicitudes en toda Europa y mi solicitud había sido exitosa. Yo estaba muy contenta, sentí que se me estaba abriendo un mundo completamente nuevo.


Cuando conocí a los otros candidatos, un grupo impresionante de profesionales muy talentosos, experimenté un caso severo del síndrome del impostor. Sin embargo, no nos llevó mucho tiempo convertirnos en un equipo cercano con un objetivo común. El proceso de selección fue duro y redujo nuestro grupo a 16 y finalmente a ocho. Fuimos sometidos a pruebas de aptitud física y médica, resistencia, habilidades motoras, capacidad de trabajo en equipo, creatividad y paciencia, entre otras habilidades. En ese momento me sentí como pez en el agua y me di cuenta de que a menudo nuestros mayores obstáculos son los que construimos en nuestras cabezas, que se convalidan por la ausencia de modelos a seguir. Cuando finalmente fui elegida como la única astronauta analógica femenina en la clase de 2019, me sentí eufórica, orgullosa y también responsable de ser un buen modelo a seguir. Aunque el género no jugó un papel en el proceso de selección, el traje en el que entrenan los astronautas analógicos pesa 50 kg, lo que lamentablemente causa un sesgo de selección.


Ahora, además de probar simuladores de trajes espaciales y llevar a cabo misiones de campo, somos la cara pública del Foro Espacial Austriaco y los embajadores de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas en los medios de comunicación y en eventos educativos. Esto contribuye significativamente a inspirar y educar a los jóvenes en el área científica.


La educación de calidad es uno de los 17 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. Estas metas son interdependientes e incluyen buena salud y bienestar, comunidades sostenibles, agua limpia y saneamiento, consumo y producción responsables, igualdad de género y energía limpia. Cuando nosotros nos preparamos para ir a otros cuerpos celestes, necesitamos asegurarnos que hemos aprendido de nuestros errores pasados, desde la construcción de asentamientos sostenibles hasta el uso responsable de los recursos locales. Hoy, como astronauta análoga y profesional de la salud pública, estos 17 objetivos apuntalan todo lo que hago.


Cuando envié esa solicitud, no creía tener una oportunidad, pero sé que nunca me habría perdonado si no lo hubiera intentado. Ser seleccionado fue una lección para mí que me permitió  tener más confianza en mí misma y me dio ánimos para inspirar a otros aventurarnos a nuevas experiencias, no solo para crecer sino también para hacer crecer a nuestra sociedad.


La ilustración es de artista Naomi Davies. La traducción al español es de Martha Irene Saladino.

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